Los cumbres de mis experiencias en México

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Amanecer del sol visto desde La Calle, una de la montañas mejores cerca de Monterrey.

Vistas magnificas, caminos inclinados y rocas sin consideración. Sin lluvia o con lluvia y con frío o calor. Muchas de mis mejores experiencias en México las puedes encontrar con el Club de Montañismo.
Muchos domingos fui con la gente de Alta Montaña a las montañas cerca de Monterrey. Una vez, íbamos a un cañón. Una vez, durante el puente, fuimos al Iztaccíhuatl, uno de los dos volcanes cerca de la Ciudad de México. También comíamos juntos, celebrábamos algunos cumpleaños y entrenábamos en la semana. Quiero mencionar especialmente dos experiencias: el recorrido en La Calle y la subida del volcán Iztaccíhuatl.

La Calle es una Montaña cerca de Monterrey. Este recorrido fue muy especial porque salimos el sábado en la tarde para caminar hasta las tres de la mañana. Cuando empezamos hubo luz y después el cielo se volvió más y más oscuro. Pudimos oler las plantas, oír los sonidos de los grillos y con cada paso el sol se bajó un poco más. Cuando la noche cayó encendimos nuestras lámparas y continuamos nuestra caminata acompañados por la luna. Aunque la noche esconde todo que hay en el día, pudimos afrontar cosas nuevas. Cosas invisibles e intangibles que forman la experiencia única de la noche.
Acampamos en la cima de la Montaña. Aunque merecíamos un descanso nos levantamos a las siete de la mañana. Para ver lo que nunca he visto. La grandeza del sol, amaneciendo sobre las nubes que cubrieron Monterrey. Un espectáculo de colores fue nuestra bienvenida esa mañana. Naranja, roja, azul, blanco y negro formaron una imagen que era increíblemente impresionante.

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Nosostros cuando estábamos a más de cinco kilómetros en lo alto del volcán Iztaccíhuatl.

Que diferente era la vista cuando estábamos a más de cinco kilómetros en lo alto del volcán Iztaccíhuatl. Todo blanco. Nuestros ojos no pudieron separar nieve y aire. Nuestras manos no pudieron resistir el frío y nuestros músculos gritaron más oxígeno.

Para poder subir tan alto practicamos por dos días en las montañas cerca de Iztaccíhuatl. Subimos hasta 4.6 y nos sentimos muy mal. Algunos tuvieron dolor de cabeza y vomitaron. Pero la aventura todavía no empezaba.

Al tercer día salimos del refugio que se encontraba a cuatro kilómetros y empezamos una caminata de diez horas. Caminamos a través de la noche y vimos las luces de la Ciudad de México. Cuando salió el sol, habíamos caminado casi cinco horas. Al mismo tiempo, la belleza de la naturaleza y las dificultades aumentaron.

Fuimos más y más arriba y uno por uno los miembros tuvieron que acabar. Por el escasez del oxígeno, por el cansancio. Alcanzamos el refugio a 4.6 kilómetros y después fui más alto que nunca antes. Miramos arriba y vimos la nieve. Nieve en México, el país de las palmas y las playas!

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El volcán Iztaccíhuatl. Grande, impresionante y sin consideración. Cuídate!

Mientras subir fue más y más difícil, nos pusimos nuestros crampones y entramos el mundo blanco sobre 4.9 kilómetros. Y después de algunas horas en la nieve el clima se volvió malo. Nieve era nieve y aire era aire pero los dos parecieron igual. Un entorno todo blanco nos rodeó. Y además, los copos de nieve nos mocharon. Diez pasos. Descansar. Diez pasos más. Descansar. Mirar atrás. Los que siguieron estaban casi invisibles.

En 5,1 kilómetros habíamos perdido la mitad del grupo y los que tenían más experiencia decidieron que teníamos que regresar. Continuar con estas condiciones era demasiado peligroso. No vimos la vista famosa desde la cumbre, no pudimos ver el mundo del Iztaccíhuatl sobre las nubes.

Pero hicimos algo que empujó nuestras fronteras físicas un poco más. Hicimos lo más que podíamos. Tuvimos la experiencia de sufrir y disfrutar naturaleza cruda al mismo tiempo. Si, yo puedo decir que estoy muy contento que lo hicimos a las pendientes de Iztaccíhuatl.

Y esos son solo dos experiencias. Alta Montaña merece las gracias para muchas más experiencias mejores aquí en México. Los recorridos, el entusiasmo de la gente y todo lo que aprendí con ellos sobre México. Los montañeros no van a ser olvidados cuando regrese a Holanda.

Stijn van Ewijk – 803293

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